Cierro los ojos, y siento el peso de mis acciones. El peso y el ardor sobre mi pecho dolorido. Alzo la vista y observo el largo camino que ha de acompañar mi tormento. Bajo mi mirada una vez más. Sólo veo el brillo. El color infernal y el resplandor anunciando al mundo mi secreto. Mi indigna respuesta. Mis batallas perdidas. Es que cargo con el pesado yugo de mi indulgencia. Y temo.
A diario vivo con miedo a la exposición. A las miradas penetrantes, a los ojos que adivinan. Cargo el peso de mi propia tentación y he de llevarlo callada sobre el pecho, mientras aquel juega despreocupado tomando mi mano. He de llevarlo, y con cuidado, no soltarlo, no dejarle ir. Esquiva, no puedo levantar mi mirada. Debo evitar el contacto.
No puedo más. El fuego del pecho y del vientre me queman. A media voz quiero palabras de consuelo. Anhelo salvación. Tranquilidad. Ya no puedo contener mi ansiedad, mi miedo, mi deseo. Deseo de libertad. De dejar atrás la cárcel carmesí. La cadena endiablada que camina a mi lado. El peso de las miradas y los susurros. El precio de alimentar el instinto reprimido.
Confieso satisfacción. De llevar al diablillo aferrado fuerte a mi mano. De que por sus venas corra mi sangre y aquella anónima que no ha de pesar sino en mi conciencia. Rojo de la sangre. Rojo de mi pecho. Rojo endemoniado. Confieso satisfacción en la certeza de no llevar el peso del juicio sola. De compartir mi miseria. Confieso satisfacción de que nadie más sepa quien sufre.
Llévame infierno. Libérame de la prisión ardorosa y refulgente que yace en mi seno. Llévame lejos del llamado de ojos brillantes y postura endiablada. Aléjame de mi pecado y de mi culpa. Del obstáculo que me impide avanzar hacia la espesura del bosque y de sus brujas. Que me postra en movimiento y me obliga a confesar callada cuestiones que deseo dejar atrás. Confieso querer soltar al diablillo que juega.
Admito la delicia culposa del deseo de libertad. De la necesidad de desaparecer. Del anhelo de amar y odiar y sufrir. Me entrego a la restricción para que haga ella de mi vida lo que más apropiado sea, aún si ha de convertirme en el alma en pena que le recuerda a los demás de sus errores. Quiero ser liberada de los propios. Me entrego a la austeridad para que limpie mi alma. O al menos la disfrace. Me dejo llevar por ella para que haga más liviana la carga y más frío el pecho. Menos ardiente el vientre.
Confieso la llamada indecorosa. La noche cómplice y el silencio testigo del dolor de la pasión escondida. Confieso la necesidad del escándalo, inmortalidad, trascendencia. A la vez llamo a las ansias de anonimato. Con la frente en alto, el pecho erguido, camino sin articular la confesión callada. Con el alma manchada. El vientre quemado. Los ojos cegados. Sólo oigo el murmullo cargado de frases viperinas que envenenan y alimentan mi espíritu pesado. Avanzo hacia la entrega, ocultando la necesidad de anonimato.
Confieso y me entrego a la vida reposada, por no poder desaparecer.

3 comentarios:
staba justo viendo el comercial de traveler, y cuando lei tu ultima linea escuche "its time for blood on the streets", eres un bello texto, pero stas torcido, como el arbol perdido de la selva valdiviana, no como la orgullosa araucaria, sino como el roble joven nacido a su sombra, quieres luz y tienes miedo, pero no t das cuenta de que eres un bello texto por ti solo, que tus vueltas no son tan necesarias y serias orgulloso si te portaras como quieres, sin pensarlo tanto y con mas movimiento...
Hola...
Gracias por pasar por Abrakdaver... Estoy pasando un mal tiempo ahora en mi vida y por eso no puedo más que dejar este comentario sin sentido y aburrido.
Te mando un abrazo.
Gracias por tu amistad.
Leo
Tu me posteaste una vez en mi blog diciendo que la poesía no era lo tuyo, sin embargo el bello hilado de tu prosa me dice lo contrario.
Bonito texto, un poco deprimente, pero así a veces está el alma.
Un saludo grandote
ANIMO
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